La propuesta de aranceles por trabajo forzado de EE.UU. parece ser una maniobra táctica para restaurar la autoridad arancelaria después de reveses legales, más que un esfuerzo genuino para combatir el trabajo forzado. Si bien el trabajo forzado es una preocupación legítima, la inclusión de economías como Taiwán y la UE, que tienen leyes en su contra, socava la credibilidad de la investigación. El arancel más alto a Brasil, a pesar de un superávit comercial de EE.UU., sugiere fuertemente una represalia política por la postura de Lula y el procesamiento de Bolsonaro. La falta de evidencia que vincule los niveles arancelarios con los resultados del trabajo forzado y el rechazo de los socios comerciales indican que la política puede enfrentar desafíos legales y diplomáticos. La audiencia pública y el período de comentarios proporcionarán cierto debido proceso, pero la decisión final probablemente reforzará la postura comercial agresiva de la administración Trump.